Martin Ayerbe sobre la explotación de las obreras fileteras en Mar del Plata.

No se necesita/dice María/tener las manos blandas/para ser mujer.
Cuando se estudian los litorales marítimos de la Patria Grande, aparece una enorme cantidad de buques extranjeros pescando en ellos. Españoles, japoneses, filipinos, koreanos que navegan miles de millas para llegar a nuestros caladeros, cargan sus redes al máximo y parten de regreso con las bodegas repletas de nuestros frutos de mar.
¿Pa’ qué navegar tantos mares? ¿Vienen de puro gusto nomás?
Han destruido sus propios caladeros y todos los que les quedan de paso. Han depredado los mares de Europa y toda la costa del África, por eso cruzan el Atlántico hacia el Sur. Han vaciado el Mar del Japón y todo el Sudeste Asiático, por eso se vienen sobre nuestro Océano Pacífico y nuestro Océano Atlántico.
¿Cuánto tardará en suceder lo mismo con nuestros mares?. Si no han sido capaces de cuidar lo de ellos mismos, ¿porqué cuidarían lo nuestro?
Las compañeras fileteras del puerto de Mar del Plata, en Argentina, acuden a nuestra militancia para que las defendamos de la explotación salvaje de sus patrones. Obreras a destajo, su paga es proporcional al peso de pescado que sus cansadas manos puedan convertir en filete.
Denuncian que los ejemplares que las pesqueras traen, son cada vez más pequeños. Ya no cumplen con los 35 centímetros de longitud mínima que debe tener la pieza. Sus patrones no cumplen con la ley.
Estos pescados “cortos” las obligan a trabajar a paso redoblado, sus ágiles manos deben producir más y más filetes para alcanzar el peso exigido por sus explotadores. Sus manos, bien diferentes de las modelos de la TV o las Ladies del primer mundo, primero se acalambran por el esfuerzo y luego se tajean a sí mismas, con una torpeza inducida por el cansancio que las doblega y que su voluntad no logra vencer. Pero, a pesar de las precarias vendas con las que remiendan sus lastimaduras, al día siguiente, para no perder el premio a la producción, se presentan otra vez a trabajar, ocultando ellas mismas sus heridas. Hasta que, uno de esos días, su afilado cuchillo cercena una vena, destroza un músculo, corta un tendón, y esa mano de mujer trabajadora, esa preciosa herramienta de su cuerpo, de la que dependen ella y sus propios hijos, se niega a obedecerla. Ya no puede más, lo ha entregado todo.
Pero no es esa la principal denuncia de las compañeras. Le piden a nuestra militancia que haga algo por los peces, que paren la depredación del Mar Argentino. Comprenden que Pueblo y Patria comparten un mismo destino, y que no hay salida individual para ellas. Juntas, unidas para hacerse fuertes, nos piden la organización que les permita vencer. El depredador extranjero y el corrupto local han constituído alianza en su contra.
Es un honor que ellas piensen en nosotros para enfrentarlos. Los Patrulleros Oceánicos Multipropósito son la solución que unifica el interés del Pueblo Trabajador y la Patria que debe ser defendida. Hay que ir por todo.

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