“El Presidente Macri tiene un problema de gases”

Bernal
Carlos Presman -Doctor en Medicina y Docente de la Universidad de Córdoba- expresó en declaraciones al programa radial del OETEC, Mañana Nacional (AM 740), el día 6 de julio que “En el área de medicina forense de Córdoba hay no menos de 20 muertos por intoxicación con monóxido de carbono (gente que se calefacciona con los viejos braseros) o por hipotermia”. Dijo también que la mortalidad de niños por bronquiolitis llega a “cinco niños en los últimos dos meses, la misma cantidad de muertes que hubo todo el año pasado” y que “la mortalidad por gripe en el país es superior a 200 personas, lo que supera largamente la mortalidad de la última década”, todos datos del Ministerio de Salud de la Nación. Las muertes sucedidas en Córdoba son una consecuencia directa del tarifazo y la pobreza energética que generan. Pero el Presidente de la Nación, según manifestó públicamente, convoca a la ciudadanía a consumir menos energía pues de esa manera es como mejor contribuimos a mitigar el cambio climático (reducción de nuestras emisiones de dióxido de carbono). El tarifazo, según Macri, colabora en este sentido, pues reduce nuestro consumo. El Presidente, influido ciegamente por el fundamentalismo ambiental, ignora que el gas que mata no es el dióxido de carbono, es el monóxido de carbono, y sus emisiones son directamente proporcionales a la pobreza energética. Un átomo de oxígeno de diferencia que lo dice todo.
A la hora de explicar las causas de muertes por pobreza energética, Presman señaló acertadamente que “la política y la economía no son independientes de las condiciones de vida de la gente” y que a los efectos de “medir las variables económicas con los indicadores de desigualdad, hay que aplicar el Índice de Gini porque, en términos de salud, a mayor desigualdad, mayor mortalidad”, y contrariamente, “cuando se acorta el índice de desigualdad mejoran las condiciones de vida y aumenta la longevidad”. El hecho de que haya personas muertas de frío “debería alertar a los ciudadanos, que cuando el Estado se corre de la responsabilidad social de cuidar a los más vulnerables, estas son las consecuencias. Si un funcionario dice que aprende sobre la marcha, este aprendizaje deja un saldo de 20 muertos”, sentenció el médico cordobés haciendo clara referencia a las declaraciones del Ministro de Energía y Minería de la Nación, Juan José Aranguren.

No obstante, la solución que ensaya el macrismo es un ridículo tope del 400% en la suba de las tarifas para el gas natural. Y esto se explica, nada más y nada menos, porque “el abordaje de una problemática desde la política estatal no es el mismo que desde la política empresarial, si uno conduce un país con la sensibilidad de una empresa, el Estado no va a funcionar bien”, según apuntó el Dr. Presman. En efecto, dado que el Ministerio de Energía se encuentra “ocupado por el directivo de una empresa que utiliza variables económicas y no humanas a la hora de proveer un servicio como el gas… hay que enrostrarle la mortalidad por frío para que sepa que una disposición no es inocua”.
Sintetizamos, el Presidente tiene un problema de gases. Dicho en otras palabras, el problema es el monóxido y no el dióxido de carbono, Sr. Presidente. La preocupación principal de su gestión debería ser destinar los máximos esfuerzos posibles en detener la causa de este flagelo, esto es, los exorbitantes aumentos de las facturas de luz y de gas que ya se han cobrado la vida de al menos 20 compatriotas en la provincia de Córdoba. La energía para el desarrollo nacional y para el bienestar ciudadano debe ser barata, abundante y subsidiada”.

“Sr. Presidente, el problema es el monóxido de carbono y no el dióxido de carbono, como le quiere hacer creer Greenpeace y su fundamentalismo ambiental. Tienen apenas un átomo de oxígeno de diferencia, pero el primero es letal si se respira, aunque sea en moderadas cantidades (800 a 1.200 partes por millón) y durante apenas unos minutos, mientras que el segundo -producto de la respiración celular y resultante de infinidad de procesos biológicos- sólo resulta letal para el ser humano en concentracionessuperiores a las 150.000 partes por millón (15% de CO2 en el aire). El tarifazo y el genocidio energético incrementa la liberación de monóxido (no de dióxido) en los hogares más vulnerables, que son cada vez más como consecuencia de sus políticas de ajuste.  El gas que mata no es el dióxido de carbono, es el monóxido de carbono, y sus emisiones son directamente proporcionales a la pobreza energética. Un átomo de oxígeno de diferencia que lo dice todo”.

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