Revolución de Mayo: ¿por qué?

ARGENTINA
Editorial de Federico Bernal en Mañana Nacional sobre la Revolución de Mayo:
Nos enseñan de chiquitos que Manuel Belgrano fue el creador de la bandera y Mariano Moreno un abogado liberal. También nos enseñan que ambos fueron desdeñosos o contrarios a un Estado protagónico en materia de producción y desarrollo nacionales. Y salvo detalles menores, ahí suena el timbre del recreo y… fin de la clase dedicada a estos dos sobresalientes patriotas. En igual sentido y sobre la Revolución de Mayo, nos instruyen que fue de cuño librecambista, imbuida de fuerte naturaleza anti-estatal y mercantilista. Nada más alejado de la historia verdadera. De cara a este 25 de Mayo, en esta Argentina cruzada por intensos aunque cruciales debates y dilemas, resulta más que oportuno preguntarse: ¿Por qué se llamó “revolución” a las gestas de mayo de 1810? ¿Qué proyecto, qué orden era el que los protagonistas de entonces se proponían revolucionar (léase modificar)? Respuestas objetivas y correctas sólo pueden obtenerse de la lectura del poco conocido Plan de Operaciones, verdadero y único programa político, económico, social y militar de la Revolución de Mayo. Plan asimismo elaborado por Moreno y Belgrano, y específicamente redactado por el primero.  En su introducción, el Plan denunciaba a monopolistas y usureros, a comerciantes ingleses y españoles residentes del Plata, así como a la administración virreinal de ser los responsables de “las mayores calamidades y conflictos en estas preciosas provincias”. Fueron ellos quienes “destruyeron su comercio, arruinaron su agricultura, abatieron las ciencias y las artes, extenuaron su navegación, desquiciaron sus minerales, agotaron sus erarios, desconceptuaron a los hombres de talento y mérito por la vil adulación, castigaron la virtud, premiaron los vicios y destruyeron los canales de la felicidad pública”. Y fue contra ellos que se alzó la Revolución de Mayo, al intentar modificar de cuajo (estructuralmente) el orden político y económico dominado por una élite de comerciantes porteños. Una élite que se apropiaba del saldo comercial de las Provincias Unidas en detrimento del conjunto de la sociedad.

 

Redistribución de la riqueza
La Revolución, al avanzar contra la concentración de la riqueza fue una revolución popular. A propósito de ello, esto decía el Plan: “Las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando no solamente con su poder absorben el jugo de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de una sociedad”. ¿Cómo pensaban los revolucionarios redistribuir la riqueza existente? A través de la expropiación con indemnización de una cantidad prefijada de pesos en manos de unos 5.000 a 6.000 mineros. Esto generaría –tal como detalla en sus páginas introductorias el Plan de Operaciones– “las ventajas públicas que resultan con la fomentación de las fábricas, artes, ingenios y demás establecimientos a favor del Estado y de los individuos que las ocupan en sus trabajos”.

La fundación del Estado
La Revolución de Mayo fue por tanto nacional en materia económica, y posicionaba al Estado (al que se debía crear de la nada) como pilar fundamental sobre el que descansaría la flamante nación. En efecto y tal como explicaba el Plan, el motor del progreso nacional y su objetivo primigenio era para sus autores: “La maquina del Estado en un orden de industria que facilitará la subsistencia a tantos miles de individuos”. Pero como es sabido, Moreno y la Primera Junta apenas resistieron siete meses (Moreno presentó su renuncia el 18 de diciembre de 1810). A la caída del notable revolucionario (seguida de su destierro y misteriosa muerte), le siguió el encumbramiento del sector liberal, sector que al decir del gran historiador cordobés Pérez Amuchástegui encarnaba la visión de “un mundo donde la vida privada primara sobre la vida política, y en donde la absoluta libertad de comercio independizara al individuo de la fiscalización del Estado nacional”.
 
Revolucionarios y contrarrevolucionarios
En fin y respondiendo los interrogantes del comienzo, fue con la caída de Moreno o el fin de la Primera Junta que se cierra el período auténticamente revolucionario de Mayo. Saavedra primero y Rivadavia después no harán más que consolidar el orden colonial imperante antes de la revolución, aunque cambiando de amo: Gran Bretaña por España.
 
La burguesía comercial porteña probritánica primero y los ganaderos bonaerenses después (el saavedrismo y su continuidad política con Rivadavia), no hicieron más que consolidar la dependencia colonial de las Provincias Unidas aunque sustituyendo de metrópolis, claro está. Los grupos económicos ligados al sistema colonial vencieron. Eran infinitamente más poderosos que los sectores vinculados a un modelo socioeconómico autónomo, estos últimos apenas existentes. Se comprende así la fugacidad del morenismo. Jorge Abelardo Ramos lo sintetiza magistralmente en su monumental Revolución y Contrarrevolución en la Argentina: “La ideología de Moreno carecía de base material inmediata; era el producto de todo un sistema de ideas transmitido desde el corazón de la revolución española en marcha. El jacobinismo no podía tener viabilidad sin la existencia del Tercer Estado, es decir, de la burguesía industrial. De ahí el fulgor asombroso del partido morenista y su rápido crepúsculo”. Doscientos y seis año después de Mayo, los mismos grupos ligados al sistema colonial (semi-colonial, para ser más exactos) operan para terminar el programa económico y social del kirchnerismo, herencia morenista y belgranista. Sin pausa, avanzan hacia el “granero del mundo” y a la Republiqueta del Plata.

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